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Diferencias al Comunicarse entre Hombres y Mujeres y sus Implicaciones en el Éxito Profesional


Diferencias en la Comunicación de Hombres y MujeresComunicarse no es tan simple como parece. No basta con expresar lo que quieres decir, debido a que la forma en que lo dices es crucial. En realidad, la forma en que conversamos (estilo lingüístico) varía de persona a persona, y varía mucho más entre hombres y mujeres. Como consecuencia, dicha diferencia afecta el desarrollo profesional tanto de hombres como de mujeres, en los aspectos relativos a quien recibe el crédito, confianza y jactancia, al hacer preguntas, al disculparse, dar elogios, y mostrar oposición.

Antes de cualquier idea, lo que es natural para un hombre al hablar difiere de lo que es natural para una mujer. Puesto que, la forma en que nos comunicamos se aprende en la niñez, donde se tiende a jugar con niños del mismo sexo. Como resultado, las chicas aprenden rituales de conversación que se centran en las buenas relaciones personales, mientras que los chicos tienden a aprender rituales enfocados en la dimensión del estatus, como se explica en los siguientes dos párrafos.

Las chicas suelen tener una “mejor amiga” o grupos pequeños con las que conversan por largo tiempo. En ese sentido, usan el lenguaje para definir qué tan cercanas son; por ejemplo, la chica a la que le cuentas tus secretos es tu mejor amiga. Las chicas aprenden a no enfatizar aquello en lo que son mejores que las demás; en cambio, subrayan aquello en lo que todas son iguales. Ellas aprenden que sonar muy seguras de sí mismas puede hacerlas nada popular en su grupo; como ilustración, un grupo de chicas criticará a aquella que llame la atención sobre su superioridad, con frases sarcásticas como “ella piensa que es especial” y quien les diga a otras chicas que hacer será etiquetada como “mandona”. Consecuentemente, las chicas aprenden formas de conversar que balancean sus necesidades con las de los demás.

Por otro lado, los chicos tienden a jugar de otro modo, usualmente juegan en grupos grandes donde muchos chicos pueden ser incluidos. Sin embargo, no todos son tratados como iguales, se espera que los chicos que tienen un estatus alto en el grupo lo enfaticen. Como resultado, uno o varios chicos son vistos como líderes. Los chicos no se acusan de ser “mandones”, ya que se espera que el líder les diga a los de bajo estatus que hacer. Así, los chicos aprenden a usar el leguaje  para negociar su estatus en el grupo, al mostrar sus habilidades, conocimientos, y al retar a otros y resistir retos. Por ende, dar órdenes es una forma de recibir y mantener un estatus alto, así como también lo es ser el centro de atención contando historias o bromas.

Ahora bien, ¿Cómo se manifiesta la forma en que nos comunicamos con nuestro desarrollo profesional? La respuesta es por medio de los siguientes aspectos que se desarrollan posteriormente:

  • Recibiendo el Crédito
  • Confianza y Jactancia
  • Haciendo Preguntas
  •  Disculpas
  • Elogios
  • Ritual de Oposición

Recibiendo el Crédito

Es  usual que los hombres digan “yo” en situaciones donde las mujeres dicen “nosotros”. En verdad, es impresionante como una estrategia tan simple como la elección de un pronombre incide en la imagen mental que se forman los demás sobre a quién le corresponde el éxito de una idea.

Adicionalmente, es menos probable que las mujeres ―a diferencia de los hombres ―hayan aprendido a soplar su propio cuerno; de igual forma, es más probable también que ellas piensen que al hacerlo, “caerán mal”.

 Al final, todo lo anterior presenta complicaciones al evaluar el desempeño personal, más cuando las ideas son generadas, trabajadas y llevadas a cabo en la privacidad de un equipo de trabajo, los logros del equipo pueden terminar siendo asociados a la persona más vocal al reportar los resultados. Seguramente, hay muchas mujeres y hombre en el equipo ―quizá más mujeres―. No obstante, las mujeres son renuentes a ponerse por delante. Consecuentemente, son ellas quienes se exponen al riesgo de no recibir crédito por sus contribuciones.

 Confianza y Jactancia

 Aquí nuevamente, las mujeres están en desventaja. Las mujeres se inclinan a disminuir su certeza y los hombres a minimizar sus dudas en público; lo cual conlleva a que las primeras parezcan faltas de confianza. Más mujeres que hombres bajan sus predicciones o expectativas sobre sus resultados futuros si estas son hechas públicamente; en cambio, si se hacen de forma privada estas son similares a las de los hombres. Entonces, el deseo de las mujeres de no parecer jactanciosas es percibido como falta de confianza.

 Haciendo Preguntas

 Formular las preguntas correctas es un sello distintivo de todo buen administrador. Con todo y todo, cómo y cuando se hacen dichas preguntas envía señales  no intencionadas de poder y competencias. Por ejemplo, si en un equipo únicamente una persona hace preguntas, corre el riesgo de ser visto como un ignorante. Por otra parte, nosotros juzgamos a las personas no sólo por como hablan sino también por como los demás se dirigen a ellos; es decir, quien pregunta puede terminar siendo ilustrado por otro y parecer un alumno ante su maestro.

 En función de cómo han sido socializados, los hombres están más atentos y conscientes de la subyacente dinámica de poder por la que alguien que pregunta puede ser puesto en una posición de inferioridad.

 Disculpas

 Quienes se disculpan continuamente, pueden terminar siendo vistos como más débiles, con menos confianza y más culpables que quienes no se disculpan. Las mujeres tienden a decir “lo siento” más que los hombres, pues es un elemento conversacional que aprendieron de niñas para establecer armonía en las relaciones; en cambio, las disculpas son manejadas de forma distinta por los hombres, ellos se enfocan en las implicaciones sobre su estatus, muchos hombres evaden las disculpas porque consideran que los coloca en posición de inferioridad.

 Elogios

 Imaginemos lo siguiente, José y Lili han dado una presentación, Lili le expresa a José que lo hizo excelente, José le dice “gracias” y se queda callado; en el esquema del ritual que Lili aprendió de niña espera que José le devuelva el cumplido, cosa que no sucedió, para enmendar esto ella le pregunta sonriente “y ¿Qué piensas sobre mi exposición?” a lo que él responde con una larga y detallada critica. De improviso, Lili siente una desagradable sensación de haber sido colocada en posición de inferioridad, como una novata que busca concejo del experto; y lo peor, ella es la única culpable por haber preguntado.

 En general, las mujeres dan más elogios que los hombres, y los hombres preguntan menos cosas como “¿Qué piensas de mi presentación, cómo lo hice? Debido a que no quieren recibir críticas indeseadas que puedan disminuir su estatus. A decir verdad, el estilo lingüístico de las mujeres las pone en desventaja en el trabajo; ya que, si una persona está tratando de minimizar las diferencias de estatus manteniendo una apariencia de igualdad entre todos (la mujer), mientras que otra persona (el hombre) trata de mantenerse en una posición superior y evita ser puesto en posiciones inferiores, es muy probable que quien busca una posición superior la consiga, e igualmente probable, que quien no ha hecho esfuerzos por evadir ser posicionada en inferioridad lo sea.

 En ese orden de ideas, las mujeres están más decantadas a tomar o aceptar el rol de quien busca concejo, y los hombres están más a tono de interpretar una pregunta ritual de una mujer, como una petición de concejo.

 Ritual de Oposición

 Un ritual común entre los hombres es el de oposición, el cual las mujeres suelen interpretar literalmente. Los hombres esperan la discusión de ideas como un ritual de pelea, para que estas sean desafiadas y tengan que ser defendidas al ser sometidas a escrutinio, así mismo juagar el papel de abogados del diablo al retar las ideas de sus amigos. En verdad, esta es una muy buena forma de depurar ideas. Empero, quienes no están acostumbrados a este ritual, pueden desechar buenas ideas sólo por el hecho de haber sido desafiadas; y peor aún, considerar dicha oposición como un ataque personal y verse mermado en un ambiente de contienda.

 Como resultado de lo anterior, cualquiera que se muestre incomodo con este estilo lingüístico ―lo cual incluye a algunos hombres y a muchas mujeres― se arriesga a lucir inseguro sobre sus ideas.

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